domingo, 18 de marzo de 2012

RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

EL REGRESO DEL SEÑOR Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS II
La propia y errónea expectativa de Jesús de que el Reino de Dios estaba a las puertas llevó a sus seguidores a esperar una intervención divina en la historia y el consiguiente establecimiento del gobierno de Dios en el mundo, no sólo en el corazón y mentes de unos cuantos. El retraso de su realización en el tiempo socavó la expectativa de los Discípulos, pero la resurrección los convenció de que su maestro era ahora su Señor y que regresaría para establecer su reino.

Esta era la parte central de la temprana proclamación Cristiana: El Señor regresaría muy pronto para salvar a sus seguidores y establecer su reino. 1 Tesalonicenses deja claro que Pablo enseñó a sus conversos que el Señor regresaría pronto, que vivirían para ver este día, pero se puede ver que esta expectativa también estuvo en contradicción con los eventos.

Es debido a las dificultades que hubo en las iglesias de Pablo que éste se convirtió en “Teólogo”, desarrollando explicaciones racionales para sus creencias religiosas básicas. De las cinco más fundamentales convicciones -(1) Dios ha enviado a su Hijo; (2) éste fue crucificado, pero en beneficio de la humanidad; (3) resucitó de entre los muertos y fue exaltado al cielo; (4) regresará pronto, y aquellos que pertenezcan a él vivirán con él para siempre. El evangelio de Pablo, como los otros, también incluye (5) admoniciones para vivir de acuerdo con los estándares más elevados tanto ética como moralmente: “… que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23)- las dos primeras se convierten en el sujeto del debate o incluso de controversia hostil entre los Cristianos. La implicación de la resurrección es tratada en Corinto; el retraso del Señor dio lugar a dudas en Tesalónica; el significado de “aquellos que tienen fe” llevó a un fiero debate, el cual se puede apreciar en Gálatas directamente y en Romanos más suave y distantemente; los Cristianos incluso no se ponían de acuerdo respecto a la conducta ética.

EL RETORNO DEL SEÑOR Y EL DESTINO DE LOS CRISTIANOS, LOS VIVOS Y LOS MUERTOS
El primer tema que encontramos en la correspondencia de Pablo (cronológicamente hablando) es el regreso del Señor, que es uno de los principales tópicos de 1 Tesalonicenses. Esto llevará a una discusión sobre la naturaleza de la resurrección.

El problema en Tesalónica era que algunos miembros habían muerto, y los que aún vivían estaban muy preocupados acerca de su destino. Esto indica el impulso del mensaje original de Pablo: no que los creyentes serían resucitados, sino más bien que vivirían hasta ser salvados cuando regresara el Señor. No se esperaba la muerte. Pablo escribió para asegurar a los que aún vivían que los muertos no se perderían el regreso del Señor. Esta seguridad, esperaba, impediría que los Cristianos de Tesalónica se entristecieran como hacían otros que no tenían esperanza (1 Tes. 4:13). El fundamento de esta confianza era que “Jesús murió y resucitó”, y por lo tanto aquellos que a él pertenecían, aunque hubiesen muerto, obtendrían la vida con él (4:14).

Pablo da lo que él llama “palabra del Señor”. Los Estudiosos debaten el significado del término, la mayoría piensan que el dicho es una revelación dada a un profeta Cristiano en lugar de una enseñanza del Jesús histórico. Otros se inclinan hacia lo opuesto a esto. Sea como sea, Pablo designa lo que sigue no como su propio punto de vista: “viene del Señor”. Dichos muy similares a “palabra del Señor” también son atribuidos a Jesús en los Evangelios. Si comparamos estos últimos con los de Pablo, y advertimos las circunstancias particulares a las que Pablo necesitaba aplicar el dicho, podremos identificar sus propias modificaciones. O sea, a pesar de su intención de citar una tradición más temprana, la altera para hacerla encajar en las circunstancias presentes. En particular aplicó un dicho que no menciona originalmente los muertos a la preocupación de los Tesalonicenses acerca de lo que les ocurriría a los Cristianos que muriesen antes del regreso del Señor. En la cita que sigue las probables modificaciones de Pablo están subrayadas:

“Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor, no nos adelantaremos a los que murieron. El mismo Señor bajará del cielo con clamor, acompañado de una voz de arcángel y del sonido de la trompeta de Dios. Entonces, los que murieron siendo creyentes en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en las nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras. (1 Tes. 4:15-18).

Los dichos atribuidos a Jesús en los Evangelios predicen que, durante la vida de los oyentes, el Hijo del hombre descenderá con los ángeles y el sonido de la trompeta (Mat. 16:27-8; 24:30-1). Así, esta expectativa surgió pronto (como su uso en Tesalonicenses muestra), y muchos Cristianos pensaban que era un dicho del mismo Jesús. La afirmación de Pablo difiere de los pasajes en los Evangelios en que: (1) Pablo escribe en primera persona, “nosotros”, mientras que los dichos en los Evangelios dicen “ustedes”. Este es un mero cambio editorial. (2) Pablo habla del regreso del “Señor” en lugar de la aparición del Hijo del hombre. Esto muestra la asunción Cristiana de que el Hijo del hombre mencionado por Jesús se refería al mismo Jesús. (3) Pablo tiene en cuenta a los que ya han muerto, y dice que precederán a los vivos. Esta es su principal modificación para enfrentar los problemas en Tesalónica. (4) La afirmación que los creyentes encontrarán al Señor en las nubes….. en el aire no tiene paralelo en los Evangelios.

La expectativa de que “nosotros” estaremos aún vivos puede haber sido común en los círculos Cristianos, mientras que la secuencia de “primero los que murieron después los que aún viven” es de Pablo, ideada por Pablo para enfrentar la situación a la que estaba enfrentado. Por lo tanto, cualquiera que sea la historia precisa de esta tradición, la cláusula explícita para los muertos parece ser de Pablo solamente, y fue creada para enfrentar el problema en Tesalónica. Una dificultad concreta dio lugar a un cambio en la tradición.

El cuarto punto distintivo, “en los aires”, lleva a una exploración de lo que Pablo esperaba. Parece que pensaba que tampoco los Cristianos que aún estaban con vida cuando el Señor retornase volarían hacia el cielo en sus cuerpos naturales, ni que sus almas dejarían sus cuerpos atrás. Esto se hace claro en la correspondencia Corintia. Los conversos Corintios, o al menos algunos de ellos, negaban la resurrección futura (ver 1 Cor. 15:12-13). Aparentemente pensaban que los dones espirituales que habían recibido constituían la vida nueva: ya eran “reyes” (1 Cor. 4:8). Pablo enfatizaba que lo más importante estaba aún por llegar. Como en 1 Tesalonicenses, igualaba el futuro estado de los vivos con el de los muertos en Cristo: todos serán transformados.

“Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, pero todos seremos transformados. En un instante, en un pestañear de ojos, al toque de la trompeta final, los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Cor. 15:51-2).

El cambio los haría como el Señor Resucitado. “Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terrestre, llevaremos también la imagen del celeste (Cristo) (1 Cor. 15:49). Pero a que se asemejaría esto? Pablo tenía difícil decir o explicar con precisión como sería el cuerpo transformado. Estaba convencido que había visto al Señor resucitado (1 Cor. 9:1), y por ello se sigue que el “hombre del cielo/celeste” era tanto visible como identificable. Por otro lado, había tenido lugar (y tendría lugar) una transformación real. “La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (1 Cor. 15:50). La principal característica de los cuerpos de carne y sangre es que son perecederos, y lo perecedero no puede heredar lo no es perecedero (15:42-50).

Pablo pensaba al Jesús resucitado no como un cadáver que había recuperado la habilidad de respirar y caminar ni como un fantasma. Veía a Jesús como las “primicia” de la resurrección (1 Cor. 15:20) y pensaba que todos los Cristianos vendrían a ser como él. Negaba que el cuerpo resucitado vendría a ser un “cuerpo natural”, y mantenía que sería un “cuerpo espiritual” (1 Cor. 15:44-6). “No un cuerpo natural” excluye a un cadáver caminante, y un “cuerpo espiritual” excluye a un fantasma (lo que sería llamado en Griego simplemente un “espíritu”, pneuma). Positivamente habría continuidad entre la persona ordinaria y la resucitada, como ocurrió en el caso de Jesús. Para expresar esto, Pablo usó el símil de la semilla, que cuando es sembrada tiene una forma, pero cuando crece tiene otra (1 Cor. 15:36-8).

El grado hasta el cual pensaba la “transformación”, en lugar de la incorporeidad o resucitación, se puede apreciar en su discusión sobre la “puesta en marcha” de la inmortalidad. Pensando acerca de los que aún estarían vivos cuando el Señor regresara, escribió que la “naturaleza corruptible ha de vestirse con la incorruptible”, y lo naturaleza mortal con la inmortal. … Esto cumplirá la Escritura, “La muerte ha sido devorada por la victoria” (1 Cor. 15:53). Usa la misma imaginería en 2 Cor. 5. Los vivos están en la “tienda terrenal”, y desean no estar desnudos sino cubiertos, de manera que “lo que es mortal sea absorbido por la vida” (2 Cor. 5:4). La metáfora cambia de “tienda” a “vestido”, pero el significado está claro. La inmortalidad es “establecida” y reemplaza a la mortalidad. Pablo no pensaba en un alma interior que sale de su envoltura carnal y flota libremente, ni en una nueva vida insuflada en el mismo cuerpo, sino en la transformación, llevada a cabo absorbiendo la mortalidad con la inmortalidad, la cual la devora.

Es posible que si Pablo hubiese tendido conocimiento acerca de los átomos y moléculas, habría expresado todo esto en diferentes términos. Pues lo que afirma y niega está claro: la resurrección significa cuerpo transformado, no cadáver andante o espíritu desencarnado. No se le puede criticar que no fuese capaz de definir el “cuerpo espiritual” de manera más clara. Su información sobre el tópico era más bien derivada completamente de su experiencia y encuentro con el Jesús resucitado –una experiencia que no describe en sus cartas. Esta experiencia le llevó a realizar las afirmaciones que hemos visto, que no llegan ni mucho menos a ser una definición completa. No se puede describir su experiencia en su nombre para mejorar su definición del cuerpo resucitado, hay que conformarse pues con lo que pensaba.